La moda de la delgadez

En una sociedad heteropatriarcal hay cuerpos que valen menos que otros. Hay cuerpos que son incómodos, ya que se salen de la norma y son difíciles de ancajar:  los intersexuales, los discapacitados, los homosexuales, y por supuesto los cuerpos gordos.

La esclavitud a la que nos somete el capitalismo es altamente sofisticada. No hay sometimiento más perfecto que el que acepta la propia esclava.  Existe una violencia invisible que empapa todo nuestro regimen moral. Esta oculta y la vez visible en todas partes,  ya que es una condición de lo cotidiano. Se cuela por nuestros televisores y supermercados, empapando nuestras relaciones y modos de vida.
Si pides a cualquier persona que dibuje la figura de una mujer lo más seguro que el dibujo represente una mujer delgada, de cintura fina y largas piernas. Desde que nos levantamos de la cama nos bombardean con una imagen estereotipada del cuerpo de la mujer, de forma que ese estereotipo sustituye a la mujer real, siendo nosotras la propia imagen reflejada…a la que le sobra o a la que le falta. Nuestra propia imagen se ha convertido en una poderosa herramienta de odio hacia nuestra condición misma y quien padece de redondeces padece una sensación de culpa.
La mujer es la culpable de su falta de delgadez, nunca el agresor, que es el que articula el sistema para enseñarnos cuál es su ideal femenino, una mujer objeto. Nos imponen un ideal de cuerpo y nos adiestran para sentirnos culpables por no poner remedio a la falta de parecido con ese ideal. La sociedad patriarcal al ejercer esta imposición, juega con nuestro cuerpo, convierte nuestro cuerpo en un lugar público, nos lo arrebata, pues la mujer ya no es mujer, sino que es su ideal: bella, delgada y sumisa. La imposición de la delgadez es una herramienta muy potente para ejercer la violencia sobre las mujeres. De la misma forma que las culpables de las muertes, violaciones e insultos son las mujeres mismas, la mujer es la cupable de no cuidarse, de no quererse, de no querer ser bella o de no ser saludable. La violencia adquiere una dimensión estructural y sistemática, de forma que no podemos hablar de maltratadores o violadores sino de culturas maltratadoras,violadoras, asesinas, que legitiman con sus instituciones e ideologías la violencia contra el género femenino.
Detrás de toda esta intrumentación moral también existen intereses económicos dentro de los sectores sanitarios, médicos, la indutria farmaceútica, de la moda y alimentaria. El sentimiento de culpabilidad de la mujer hacia su cuerpo, es le motor del consumismo de productos de belleza, de adelgazamiento,  de tratamientos corporales, etc. 
A nivel político también interesa que la mujer sea una mercancía, que no tenga fuerzas por luchar por sus derechos, que sea víctima de un sentimiento de inferioridad al estar en su mente ocupada enfrentándose a una situación violenta como es adecuar su cuerpo al canon de belleza establecido. La imposición de la delgadez como modelo de salud, de belleza y de capital cultural tiene una relación directa con el control y dominación del cuerpo de las mujeres, pues no tenemos referentes de mujeres poderosas, guerreras al igual que ocurre con los hombres. Los héroes de las películas, el deporte siempre masculino, la dignificación de la agresividad masculina frente al desprecio de la femenina, mujeres en televisión que se limitan a reir las gracias de su compañero masculino, todo ello va conformando un modelo de mujer que debe aspirar a ser bella, sumisa y en todo caso, esperar a poder encontrar a un principe azul que tenga todos los privilegios en la sociedad por los que ella ha renunciado a luchar.
“Una cultura obsesionada con la delgadez femenina no está obsesionadacon la belleza de las mujeres. Está obsesionada con la obediencia de estas. La dieta es el sedante político más potente en la historia de las mujeres: una población tranquilamente loca es una población dócil”
– Naomi Wolf

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